jueves, 9 de enero de 2014

Días de Sangre y Resplandor Cap 1.

1.
EL CHICO DEL PUENTE.

Praga, principios de mayo. El cielo aparecía pesado y gris sobre los tejados de cuento de hadas y todo el mundo permanecía atento. Incluso se habían asignado satélites para vigilar el puente de Carlos, por si los… visitantes… regresaban. Ya habían sucedido antes cosas extrañas en esta ciudad, pero no tanto. Al menos, no desde que existía el vídeo para demostrarlas. O para explotarlas.

—Por favor, dime que tienes ganas de hacer pipí.

—¿Qué? No. No tengo ganas. Ni me lo preguntes siquiera.

—Oh, vamos. Lo haría yo mismo si pudiera, pero no puedo. Hace rato fui al baño.

—Lo sé. La vida es muy injusta. Pero no voy a mear encima del ex novio de ChangMin por ti.

—¿Cómo? No iba a pedirte eso —con su tono más moderado, KyuHyun se explicó—. Solo quería que mearas dentro de un globo para poder tirárselo.

—Vaya —Siwon fingió considerar la propuesta durante aproximadamente un segundo y medio—. No.

KyuHyun resolló.

—Está bien. Pero sabes que se lo merece.

El objetivo se encontraba tres metros por delante de ellos con un equipo de reporteros internacionales, ofreciendo una entrevista. No era la primera. Ni siquiera la décima. KyuHyun había perdido la cuenta. Lo que convertía está en algo especialmente irritante era que se estaba desarrollando en los escalones de acceso al edificio del apartamento de ChangMin, que ya había recibido suficiente atención de la policía y varias agencias de seguridad para que la dirección no apareciera en los noticiarios de todo el mundo.

Seven estaba muy ocupado forjándose un nombre como ex novio de «el chico del puente», como llamaban a ChangMin tras el extraordinario revuelo que había provocado que los ojos del mundo entero se fijaran en Praga.

—Ángeles —musitó la periodista, una mujer joven y atractiva, vestida con ese estilo modelo de catálogo combinado con sicario tan habitual en las reporteras de televisión—. ¿Sabías algo de todo esto?

Seven se rió. Previendo su reacción, KyuHyun simuló una carcajada justo al mismo tiempo que la de él.

—¿A qué te refieres, a que los ángeles realmente existan o a que mi novio no se lleve bien con ellos?

—Ex novio —siseó KyuHyun.

—A ambas cosas, supongo —rió la reportera.

—No, no sabía nada —admitió Seven—. Aunque ChangMin siempre estaba rodeado de misterios.

—¿Como cuáles?

—Bueno, era tan reservado que no te lo creerías. Quiero decir que ni siquiera sé su nacionalidad, o su apellido, si es que tiene alguno.

—¿Y eso no te fastidiaba?

—No, era guay. ¿Un chico guapo y misterioso? Llevaba un cuchillo en una bota y era capaz de hablar un montón de idiomas, y siempre estaba dibujando monstruos en su…

KyuHyun gritó:

—¡Cuéntale cómo te lanzó por la ventana!

Seven trató de ignorarlo, pero la reportera le había escuchado.

—¿Es eso cierto? ¿Te hizo daño?

—Bueno, no fue la mejor experiencia que he vivido —entrada de risa encantadora—. Pero no me hizo daño. Supongo que fue culpa mía. Le asusté. No era mi intención, pero se había metido en algún tipo de pelea y estaba nervioso. Iba totalmente cubierto de sangre y descalzo sobre la nieve.

—¡Qué horror! ¿Te contó lo que le había sucedido?

De nuevo, KyuHyun gritó:

—¡No, porque estaba demasiado ocupado lanzándolo por la ventana!

—En realidad, fue una puerta —dijo Seven, acribillando a KyuHyun con la mirada, y señaló la puerta de cristal que había tras él—. Esa puerta.

—¿Justamente esta? —la reportera estaba encantada. Alargó el brazo y la tocó como si significara algo, como si el cristal reemplazado de la puerta que había quedado hecha añicos por el cuerpo de un actorzuelo arrojado por los aires fuera una especie de símbolo relevante para el mundo.

—¿Por favor? — KyuHyun suplicó a Siwon—. Está justo debajo del balcón —tenía las llaves del piso de ChangMin, lo que había resultado útil para hacer desaparecer de allí los cuadernos de bocetos de su amigo antes de que los investigadores pudieran ponerles las manos encima. ChangMin había querido que él viviera en él, pero de momento, y gracias a Seven, aquello era un verdadero circo—. Mira —recalcó KyuHyun —. Es una caída directa hasta su cabeza. Y podrías hacerlo: te has bebido todo ese té…

—No.

La reportera se inclinó hacia Seven con aire de complicidad.

—Entonces… ¿dónde está ahora?

—¿Habla en serio? —Masculló KyuHyun —. Como si él lo supiera. ¿Cree que no se lo ha dicho a los últimos veinticinco reporteros porque estaba reservando ese estupendo secreto para ella?

En los escalones, Seven se encogió de hombros.

—Todos lo vimos. Se fue volando —sacudió la cabeza como si no pudiera creerlo y miró directamente a la cámara. Era más guapo de lo que merecía.

Seven despertó en KyuHyun el deseo de que la belleza pudiera ser revocada por mal comportamiento—. Se fue volando —repitió Seven con los ojos muy abiertos y asombro fingido. Interpretaba aquellas entrevistas como una obra de teatro: el mismo espectáculo una y otra vez, y solo ligeras improvisaciones dependiendo de las preguntas. Se estaba convirtiendo en algo realmente cansino.

—¿Y no tienes ni idea de adónde podría haber ido?

—No. Siempre andaba de acá para allá, desaparecía durante días. Nunca decía dónde iba pero, cuando volvía, estaba siempre agotado.

—¿Crees que regresará esta vez?

—Eso espero —otra mirada enternecedora hacia el objetivo de la cámara—. Le echo de menos, ya sabes.

KyuHyun gimió como si sintiera dolor.

—Ohhhh, haz que se calleeee.

Pero Seven no se calló. Dirigiéndose de nuevo hacia la reportera, añadió:

—Lo único positivo es que puedo utilizar esos sentimientos en mi trabajo. La nostalgia, el asombro. Añaden matices a la interpretación.

En otras palabras: Hemos hablado suficiente sobre ChangMin, pasemos a mí.

La reportera se dejó llevar.

—Así que eres actor —dijo con un arrullo, y KyuHyun no pudo soportarlo más.

—Voy a subir —le dijo a Siwon—. Puedes seguir conservando el té en tu vejiga. Lo haré yo.

—Kyunnie, qué vas a… —empezó a decir Siwon, pero KyuHyun ya se estaba alejando a grandes zancadas. Le siguió.

Cuando, tres minutos después, un globo color rosa cayó desde lo alto para aterrizar directamente en la cabeza de Choi Dong Wook, este quedó en deuda de gratitud con Siwon, ya que lo que le empapó no fue «té de vejiga». Se trataba de perfume, el contenido de varios frascos, mezclado con bicarbonato para convertirlo en una pasta estupendamente pegajosa. Le embadurnó el pelo y le escoció en los ojos, y la expresión de su rostro resultó inmejorable.

Aunque la entrevista no era en directo, KyuHyun pudo verla porque la cadena decidió emitir aquella parte.

Una y otra vez.

Fue una victoria, aunque vacía, porque cuando KyuHyun marcó el número de ChangMin —más o menos el intento 86.400—, saltó directamente el buzón de voz, y supo que estaba apagado. Su mejor amigo se había esfumado, probablemente hacia otro mundo, y ni siquiera la repetición de las imágenes de un Seven jadeante y cubierto de pasta de colonia y trozos de globo rosa podían compensarlo.


El pipí, sin embargo, sí lo habría hecho.

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