lunes, 4 de noviembre de 2013

Hijo del humo y hueso Cap 33

33.
ABSURDO.

—Mi diminuto y terrible amigo viene hacia aquí —anunció ChangMin tamborileando con los dedos sobre la mesa.

—El del puente.

ChangMin recordó que YooChun le había estado siguiendo el día anterior, y debió de haber visto la actuación de KyuHyun. Asintió con la cabeza.

—Le he puesto al día sobre tu mundo, un poco. Y sabe que intentaste matarme, así que…

—¿Debería asustarme? —preguntó YooChun, y por un instante ChangMin pensó que hablaba en serio. Su expresión mostraba la misma gravedad de siempre; sin embargo, era otro intento de humor mordaz, como en lo alto de la catedral cuando le sorprendió con la broma de empujar a las citas que no dieran la talla.

—Muchísimo —respondió—. Todo el mundo se encoge de miedo delante de él. Ya verás.

La taza de ChangMin estaba vacía, pero la mantenía agarrada, menos preocupado en aquellos momentos de lanzar su magia hacia YooChun que de evitar que sus manos hicieran una nueva incursión temeraria para tocar las de él. Debería sentir rechazo hacia aquellas manos manchadas de muerte, y así era, pero junto al horror estaba… la atracción.

ChangMin notaba que YooChun sentía lo mismo, y que sus manos libraban su propia batalla para no alcanzar las de él. Él seguía mirándolo, ChangMin no dejaba de apenarse, y su conversación avanzó a trompicones hasta que la puerta se abrió y apareció KyuHyun como un torbellino.

Se encaminó directamente a la mesa y se plantó delante de YooChun. Apareció furibundo, dispuesto a echarle una reprimenda, pero cuando lo vio, solo pudo balbucear. Su expresión vacilaba entre la ferocidad y el desconcierto, y venció el segundo. Miró de reojo a ChangMin y dijo con absoluto asombro:

—Madre mía. Debes. Aparearte. Inmediatamente.
La reacción de KyuHyun fue tan inesperada y ChangMin estaba tan nervioso que no pudo evitar reírse. Se arrellanó en la silla y dejó que fluyera: una risa dulce y chispeante que provocó otro cambio en el semblante de YooChun, en la medida en que le examinaba de un modo esperanzado y penetrante que provocó un cosquilleo en ChangMin; se sentía tan… desnudo.

—No, de verdad —continuó KyuHyun—. Ahora mismo. Es como un imperativo biológico, ¿vale?, para conseguir el mejor material genético. Y este —señaló a YooChun como si fuera una azafata de ventas— es el mejor material genético que jamás he visto —arrastró una silla y se sentó junto a ChangMin, como si fueran espectadores observando al serafín—. Fiala tendría que tragarse sus palabras. Deberías traerlo el lunes para que hiciera de modelo.

—Claro —asintió ChangMin —. Estoy seguro de que no le importaría desnudarse frente a un puñado de humanos…

Desvestirse —corrigió KyuHyun, con tono remilgado—. Todo sea por el arte.

—¿Vas a presentarnos? —preguntó YooChun.

El idioma quimérico, en el que habían hablado hasta ese momento, sonó fuera de lugar, como un áspero eco de otro mundo.

ChangMin asintió, tratando de contener la risa.

—Lo siento —dijo, y realizó una somera presentación—. Como es natural, tendré que traducir si queréis deciros algo el uno al otro.

—Pregúntale si está enamorado de ti —dijo KyuHyun inmediatamente.

ChangMin casi se atragantó. Se giró sobre la silla para encarar a su mejor amigo, que levantó una mano antes de que ChangMin pudiera protestar.

—Lo sé, lo sé. No vas a preguntarle eso. Y tampoco necesitas hacerlo. Lo está. ¡Míralo! Me temo que vas a echar a arder como siga mirándote de ese modo con esos ojazos naranjas.

ChangMin tenía que admitir que aquello era cierto. Pero ¿amor? Eso era absurdo, y así se lo dijo.

—¿Quieres saber lo que es absurdo? —dijo KyuHyun sin dejar de contemplar a YooChun, que parecía algo desconcertado—. Esa afilada línea del pelo es absurda. Dios. Realmente te hace pensar lo escasos que estamos de picos de viuda en la vida cotidiana. Podríamos, no sé, utilizarlo como semental para introducirlos en la población.

—Por Dios. ¿Puedes dejar de hablar de apareamientos y sementales?

—Solo es un comentario —añadió KyuHyun razonablemente—. Yo estoy loco por Siwon, ¿vale?, pero eso no significa que no pueda aportar mi granito de arena para la proliferación de los picos de viuda. Como un favor a la reserva genética. Tú deberías hacer lo mismo, ¿no crees? O quizás… —KyuHyun lanzó una mirada de reojo a ChangMin — ya lo has hecho.

—¿Qué? — ChangMin estaba horrorizado—. ¡No! ¿Por quién me has tomado?

Estaba seguro de que YooChun no comprendía nada, pero había una expresión divertida en su boca. Él le preguntó qué había dicho kyuHyun, y ChangMin notó cómo su cara se volvía carmesí.

—Nada —le dijo en lenguaje quimérico, y añadió en checo con severidad—. Él. No ha dicho nada.

—Claro que lo he dicho —saltó KyuHyun, y como un niño al que han reprendido por hacer travesuras, repitió alegremente—: ¡Aparearse! ¡Semental!

—Kyu, para, por favor —rogó ChangMin, indefenso y muy agradecido de que KyuHyun y YooChun no hablaran el mismo idioma.

—De acuerdo —dijo su amigo—. También puedo ser cortés. Observa —se dirigió a YooChun directamente—: Bienvenido a nuestro mundo —dijo gesticulando mucho—. Espero que estés disfrutando de tu visita.

Reprimiendo una sonrisa, ChangMin tradujo.

YooChun asintió.

—Gracias —luego le dijo a ChangMin —: ¿Podrías decirle, por favor, que su actuación fue magnífica?

ChangMin trasladó sus palabras a KyuHyun, que afirmó:

—Lo sé —era su manera habitual de aceptar un halago, pero ChangMin podía ver que estaba complacido—. Fue idea de él.

ChangMin no tradujo aquellas palabras, pero dijo:

—Es una artista impresionante.

—Tú también —respondió YooChun, y entonces fue ChangMin el que se sintió complacido.

Le contó que iban a una escuela de arte, y él comentó que en su mundo no existía nada parecido, que solo había lugares donde aprender oficios. ChangMin le explicó que KyuHyun era una especie de aprendiz, que procedía de una familia de artesanos, y le preguntó si él descendía de una familia de soldados.

—En cierto modo —respondió YooChun.

Sus hermanos eran soldados, y su padre también lo había sido en otra época. Pronunció la palabra padre con aspereza, y ChangMin notó resentimiento, así que no continuó indagando y la charla regresó al tema artístico. La conversación, filtrada a través de ChangMin —y KyuHyun, incluso con su mejor comportamiento, requería un alto grado de filtración—, fue sorprendentemente fluido. Demasiado, pensó ChangMin.
¿Por qué le resultaba tan sencillo reír con ese serafín, y olvidar la imagen de los portales ardiendo y del pequeño cuerpo de Kishmish en carne viva mientras sus latidos se aceleraban para luego apagarse? Tenía que recordárselo sin parar, castigándose a sí mismo, e incluso así, cuando miraba a YooChun, todo se desmoronaba —toda su cautela y autocontrol—.

—En realidad, no da tanto miedo —comentó algo después YooChun  señalando con la cabeza a KyuHyun—. Me habías preocupado.

—Bueno, le has desarmado. Provocas ese efecto.

—¿De verdad? Ayer no me pareció que funcionara contigo.

—Yo tenía más motivos para luchar —dijo ChangMin —. De todas maneras, tengo que recordarme sin parar que somos enemigos.

Fue como si una sombra cayera sobre ellos. La expresión de YooChun se tornó lejana otra vez, y colocó las manos debajo de la mesa, retirando sus tatuajes de la vista de ChangMin.

—¿Qué le has dicho? —preguntó KyuHyun.

—Le he recordado que somos enemigos.

—No. Seáis lo que seáis, ChangMin, no sois enemigos.

—Pero lo somos —replicó él, y lo eran, sin importar lo intensamente que su cuerpo estuviera intentando convencerlo de lo contrario.

—Entonces, ¿qué haces contemplando amaneceres y tomando té con él?

—Tienes razón. ¿Qué estoy haciendo? No tengo ni idea.

Pensó en lo que sí debería estar haciendo: viajar a Marruecos para encontrarse con Razgut y atravesar volando aquella abertura en el cielo hacia… Eretz. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Había estado tan concentrado en conseguir los gavriels que no había pensado demasiado en cómo sería realmente ir allí. Y ahora, con la descripción de YooChun fresca en la memoria —un mundo arrasado por la guerra, inhóspito—, sintió que el terror le invadía; de repente, no deseaba ir a ninguna parte.
Además, ¿qué se suponía que debería hacer cuando llegara allí? ¿Volar hasta los barrotes de aquella imponente fortaleza y preguntar educadamente si Rain estaba en casa?

—Hablando de enemigos —dijo KyuHyun—. El zopenco apareció esta mañana en televisión.

—Bien hecho —respondió ChangMin, todavía absorto en sus propios pensamientos.

—No. Bien no. Mal. El zopenco se ha portado mal.

—Oh, no. ¿Qué ha hecho?

—Bueno, mientras tú contemplabas el amanecer con tu enemigo, no han dejado de hablar de ti en las noticias, y cierto actor ha sido de gran ayuda pavoneándose delante de la cámara y contando al mundo cosas de tu vida. Incluido algo sobre unas ¿cicatrices de bala? Ha hecho que parecieras el chico de un gánster…

¿El chico? Por favor. En todo caso, yo sería el gánster…

—Como te decía —interrumpió KyuHyun—. Siento mucho decirte que tu acrobacia aérea ha terminado con todo el anonimato del que hayas podido disfrutar hasta ahora, chico del pelo azul. La policía estará seguramente en tu piso…

—¿Qué?

—Sí. Están diciendo que lo que hiciste fue una «alteración del orden público» y que solo quieren hablar con las personas implicadas, si alguien conoce su paradero.

Al contemplar la angustia de ChangMin, YooChun quiso saber de qué estaban hablando; ChangMin  tradujo rápidamente. Su rostro se ensombreció. Se levantó y se acercó a la puerta para mirar hacia la calle.

—¿Vendrán aquí a buscarte? —preguntó.

ChangMin reconoció una actitud protectora en su postura, con los hombros encorvados y tensos, y comprendió que en su mundo una amenaza así debía de significar algo bastante alarmante.

—No pasa nada —le aseguró ChangMin —. No supone ningún peligro. Solo quieren hacer preguntas. De verdad —YooChuna no se alejó de la puerta—. No hemos infringido ninguna ley —se volvió hacia KyuHyun y preguntó en checo—: No existe ninguna ley que prohíba volar, ¿verdad?

—Claro que sí. La ley de la gravedad. La cuestión es que te están buscando —KyuHyun lanzó una mirada a la camarera, que merodeaba cerca y seguramente estaba escuchando a hurtadillas—. ¿Pasa algo?

La camarera se ruborizó.

—No he llamado a nadie —contestó rápidamente—. Podéis estar aquí sin ningún problema. ¿Queréis… queréis más té?

KyuHyun le invitó a marcharse con un gesto de la mano y dijo a ChangMin:

—Obviamente, no puedes quedarte aquí para siempre.

—No.

—Entonces, ¿cuál es el plan?

El plan. El plan. Tenía un plan, y estaba a punto de llevarlo a cabo. Lo único que tenía que hacer era marcharse. Abandonar su vida en Praga, la escuela, el piso, a KyuHyun, a YooChun… No. YooChun no formaba parte de su vida. ChangMin lo contempló, vigilante junto a la puerta, dispuesto a protegerlo, y trató de imaginar cómo sería alejarse de su… inmensidad…, de la sensación de bienestar, el espacio bañado por el sol, la atracción. Solo debía levantarse y salir. ¿Verdad?

Hubo un momento de silencio, y el cuerpo de ChangMin respondió solo con un temblor a la idea de marcharse.

—El plan —repitió necesitando una gran fuerza de voluntad para enfrentarse al momento—. El plan es salir de aquí.

YooChun estaba mirando a través de la puerta y solo cuando se volvió para mirarlo, ChangMin se dio cuenta de que había pronunciado aquellas últimas palabras en idioma quimérico, dirigiéndose a él.

—¿Salir de aquí? ¿Hacia dónde?

—Hacia Eretz —respondió él poniéndose en pie—. Te lo he dicho antes. Voy a buscar a mi familia.

La consternación invadió el rostro de YooChun al comprender el alcance de aquella afirmación.

—Así que realmente tienes una forma de llegar hasta allí.

—Sí.

—¿Cómo?

—Existen más portales, aparte del tuyo.

—Los había. Todo ese conocimiento se perdió junto con los magos. Me ha costado años encontrar este…

—Creo que no eres el único que sabe cosas. Aunque preferiría que fueras quien me mostrara el camino.

—¿En vez de quién? —YooChun trataba de descubrirlo, y ChangMin supo por su gesto de disgusto cuándo lo había adivinado—. El Caído. Esa cosa. Vas a pedir ayuda a esa cosa.

—Solo si tú no me llevas.

—Te aseguro que no puedo. El portal está vigilado…

—Está bien. Tal vez nos encontremos algún día al otro lado. ¿Quién sabe?

El movimiento de sus alas invisibles lanzó chispas por el suelo.

—No puedes ir allí. La vida es imposible, créeme.

ChangMin le dio la espalda y cogió el abrigo. Después de ponérselo, ChangMin anunció a KyuHyun que abandonaba la ciudad, y estaba esquivando las inevitables preguntas de su amigo cuando YooChun le agarró del brazo.

—No puedes ir con esa criatura —le dijo suavemente. Su expresión era cautelosa, difícil de interpretar—. No solo. Si él conoce otro portal, yo puedo acompañarte y asegurarme de que no te sucede nada.

El primer impulso de ChangMin fue rechazar su ofrecimiento. Sé ese gato. Sé ese gato. Pero ¿a quién trataba de engañar? Ese no era el gato que él deseaba ser. No quería marcharse solo —o solo con Razgut, que era aún peor—.

—Está bien —respondió con el corazón desbocado, y una vez que la decisión estuvo tomada, el tremendo peso del miedo desapareció.

No tendría que separarse de YooChun.


Al menos, por ahora.

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