martes, 26 de noviembre de 2013

Hijo del humo y hueso Cap 45

45.
MAXIMO.

Es un niño.

Está volando. El aire está enrarecido y cuesta respirar, y el mundo se encuentra tan abajo que incluso las lunas, jugando a perseguirse a través del cielo, se ven desde arriba, como relucientes cabezas de bebé.




* * *


Ya no es un niño.

Desciende del cielo, entre las ramas de los árboles de réquiem. Está oscuro, y de la arboleda surge el hish-hish de las evangelinas, aves-serpiente amantes de la noche que beben el néctar de las flores de réquiem. Se acercan a él —hish-hish— y se enroscan en sus cuernos agitando las flores, que dejan caer un dorado polen sobre sus hombros.


* * *


Más tarde, adormecerá los labios de su amante cuando recorra con ellos su piel.


* * *


Está en el campo de batalla. Los serafines se lanzan en picado desde el cielo, envueltos en llamas.


* * *


Está enamorado. Siente luz en su interior, como si se hubiera tragado una estrella.



* * *


Asciende a un patíbulo. Miles y miles de caras la contemplan, pero él solo ve una.


* * *


Se arrodilla en el campo de batalla junto a un ángel moribundo.


* * *


Alas que le envuelven. La piel ardiendo, un amor abrasador.


* * *


Asciende al patíbulo. Lleva las manos atadas a la espalda, y las alas inmovilizadas. Miles y miles de caras le observan; pies y pezuñas patean el suelo; voces que chillan y abuchean, pero una se eleva sobre todas las demás. Es la de YooChun. Un grito que podría levantar a los fantasmas de sus nidos.


* * *


Él es Maximo Kirin, que osó imaginar una nueva forma de vivir.


* * *



El hacha aparece enorme y brillante, como una luna que cae desde el cielo. Es instantáneo…

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