23.
PACIENCIA INFINITA.
Una ciudad de cuento de hadas.
Desde el aire, los tejados rojos flanquean un meandro de un río negro, y por la
noche las colinas boscosas aparecen como oscuros espacios vacíos frente al
resplandor del castillo iluminado, las afiladas torres góticas, las cúpulas
grandes y pequeñas. El río capta todas las luces y las refleja, alargadas y
temblorosas, y la lluvia lo desdibuja todo, como en un sueño.
Esta fue la primera imagen de
Praga que contempló YooChun. Él no había marcado el portal de aquella ciudad;
había sido JunSu, quien, de regreso a su propio mundo, había destacado que se
trataba de un lugar hermoso, y tenía razón. YooChun imaginó que Astrae debió de
haber mostrado un aspecto similar en su época dorada, antes de ser arrasada por
las bestias. La Ciudad de los Cien Chapiteles, así se había conocido a la
capital seráfica —una torre por cada dios estrella—, y las quimeras los habían
destruido todos.
Muchas ciudades humanas también
habían quedado devastadas durante la guerra; sin embargo, Praga había tenido
suerte. Aparecía atractiva y fantasmal, con sus agrietadas piedras desgastadas
por siglos de tormentas, por millones de gotas de lluvia. Era un día frío y
húmedo, desapacible, pero eso no preocupaba a YooChun. Él generaba su propio
calor. El agua siseaba al rozar sus alas invisibles y se convertía en vapor,
dibujando su perfil en forma de halo difuso contra la oscuridad de la noche.
Ningún hechizo podía evitarlo, como tampoco podía ocultar las alas en su
sombra, sin embargo no había nadie alrededor para contemplarlo.
Estaba encaramado a un tejado
del casco viejo. Las torres de la iglesia Týn se alzaban como cuernos de diablo
tras la hilera de edificios del otro lado de la calle, en uno de los cuales se
encontraba el piso de ChangMin. No había luz en su ventana. Había permanecido
oscura, y el piso vacío, desde que lo había localizado dos días atrás.
En el bolsillo, plegada y con
los dobleces bien marcados por el uso, guardaba una hoja arrancada de un
cuaderno de bocetos —el número 92, según indicaba el lomo—. En aquella página,
que había sido la primera del cuaderno, un dibujo representaba a ChangMin con
las manos juntas, en actitud suplicante, junto a las siguientes palabras: «Si
lo encuentras, por favor, devuélvelo en Králodvorská, 59, n.º 12, Praga. Serás
recompensado con agradecimiento infinito y una buena propina en metálico.
Gracias».
YooChun no había llevado todo
el cuaderno, solo aquella hoja con el borde rasgado.
No buscaba agradecimiento, ni
dinero.
Solo buscaba a ChangMin.
Con la infinita paciencia de quien ha aprendido a vivir con el
corazón destrozado, esperó su regreso.
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