martes, 1 de octubre de 2013

Hijo del Humo y Hueso Cap. 1



INTRODUCCIÓN

Esta es solo una “adaptación” de la obre literaria Hija de humo y hueso de la autora Laini Taylor, cabe destacar que solo se han cambiado el nombre de algunos personajes y algunas descripciones, lo demás sigue intacto dando créditos a la verdadera autora de esta obra literaria.

RESEÑA
Primera Temporada

CHANGMIN ES UN ESTUDIANTE DE ARTE DE 17 AÑOS QUE VIVE EN PRAGA. PERO ESE NO ES SU ÚNICO MUNDO. A VECES, CHANGMIN DESAPARECE EN MISTERIOSOS VIAJES PARA REALIZAR LOS ENCARGOS DE RAIN, EL MONSTRUO QUIMERA QUE LO ADOPTÓ AL NACER. TAN MISTERIOSO RESULTA CHANGMIN PARA SUS AMIGOS, COMO LO ES PARA ÉL SU PROPIA VIDA; ¿CÓMO ES QUE HA ACABADO FORMANDO PARTE DE UNA FAMILIA DE MONSTRUOS QUIMERAS? ¿PARA QUÉ NECESITA SU PADRE ADOPTIVO TANTOS DIENTES, ESPECIALMENTE DE HUMANOS? Y, ¿POR QUÉ TIENE ESA RECURRENTE SENSACIÓN DE VACÍO, DE HABER OLVIDADO ALGO? DE PRONTO, EMPIEZAN A APARECER MARCAS DE MANOS EN LAS PUERTAS, SEÑAL DE QUE LA FAMILIA DE CHANGMIN CORRE GRAVE PELIGRO. CHANGMIN TRATARÁ DE CRUZAR AL MUNDO QUIMÉRICO PARA AYUDARLES, PERO ES PERSEGUIDO POR LOS SERAFINES. ENTRE ELLOS SE ENCUENTRA A YOOCHUN, UN ÁNGEL ARREBATADORAMENTE HERMOSO AL QUE CHANGMIN ESTÁ UNIDO DE UNA FORMA QUE NI ÉL MISMO PUEDE IMAGINAR.



















Érase una vez un ángel y un demonio que se enamoraron.

Pero su historia no tuvo un final feliz.





1.
ES IMPOSIBLE ASUSTARSE.

De camino a la escuela, sobre los adoquines acolchados por la nieve, ChangMin no tuvo ningún mal presagio respecto a lo que le depararía el día. Parecía un lunes cualquiera, inocente excepto por su propia esencia de lunes, sin mencionar que era de enero. Hacía frío y aún no había amanecido —en el apogeo del invierno, el sol no salía hasta las ocho—, pero el ambiente era agradable. La incesante nevada y lo temprano de la hora otorgaban a Praga un aspecto fantasmal, como de ferrotipo, toda plateada y cubierta de bruma.
Por la calle que flanqueaba el río, los tranvías y los autobuses circulaban con el estruendo típico del siglo XXI; sin embargo, en las calles más tranquilas, la paz invernal evocaba otra época. La nieve, los adoquines, la luz espectral, las propias pisadas de ChangMin y el humo de su taza de café, él solo y abstraído en pensamientos mundanos: la escuela, tareas pendientes. Y cuando algún sentimiento doloroso se inmiscuía en sus pensamientos, desechaba la amargura con resolución, dispuesta a olvidarlo todo.

Sostenía la taza de café con una mano y con la otra mantenía cerrado el abrigo. De su hombro colgaba un portafolio de dibujo y sobre su pelo —ligeramente largo hasta cubrir apenas sus orejas, sus grandes orejas, y de color azul eléctrico— se había formado un encaje de copos de nieve.

Era un día cualquiera.

Pero algo ocurrió.

Un gruñido, unas pisadas atropelladas y alguien que le agarraba por detrás, sujetándole con fuerza contra un robusto pecho masculino, a la vez que unas manos le arrancaban la bufanda y unos dientes —dientes— rozaban su cuello.

Le estaba mordiendo.

Su atacante le estaba mordiendo.

Con fastidio, trató de desembarazarse de él sin derramar el café, pero no pudo evitar que parte se vertiera sobre la nieve sucia.

—Joder, Seven, quítate de encima —dijo bruscamente, volviéndose hacia su ex novio, Choi Dong Wook.
La tenue luz de la farola iluminaba el bello rostro del muchacho. Una belleza estúpida, pensó ChangMin, y le apartó de un empujón. Una cara estúpida.

—¿Cómo has sabido que era yo? —preguntó él.

—Siempre eres tú. Y nunca funciona.

Choi Dong Wook se ganaba la vida ocultándose detrás de cualquier cosa para aparecer después por sorpresa, y le frustraba no provocar en ChangMin ni el más mínimo sobresalto.

—Es imposible asustarte —se quejó haciendo el mohín que creía irresistible.

Hasta hacía poco, él habría sucumbido a aquel gesto. Se habría acercado hasta pegarse a su cuerpo para rozar con la lengua su labio inferior fruncido, de forma suave y lánguida, antes de tomarlo entre los dientes, juguetear con él y abandonarse a un beso que la derretiría como miel al sol.
Pero aquellos días quedaban ya muy lejanos.

—Tal vez no des miedo —sugirió ChangMin, y retomó su camino.

Seven le alcanzó y empezó a caminar a su lado, con las manos en los bolsillos.

—Sí doy miedo. ¿El gruñido? ¿El mordisco? A cualquier persona normal le habría dado un infarto. Menos a ti, que parece que no tienes sangre en las venas —al notar que le ignoraba, añadió—: Josef y yo hemos ideado una nueva visita por la ciudad. Recorrido vampírico por el casco antiguo. Los turistas se volverán locos.

Seguro que sí, pensó ChangMin. Los turistas pagaban bastante por las «visitas fantasmagóricas» de Seven, que consistían en recorrer el laberinto de callejuelas de Praga en la más absoluta oscuridad, deteniéndose en supuestos escenarios de asesinatos donde, ocultos tras las puertas, los esperaban «fantasmas» que aparecían de repente y les arrancaban gritos aterrorizados. Él misma había interpretado en varias ocasiones a un fantasma, con una cabeza ensangrentada en la mano y gimiendo mientras los alaridos de los turistas se transformaban en risas. Había sido divertido.
La relación con Seven había sido divertida. Pero ya no.

—Buena suerte —le deseó con voz inexpresiva y mirando hacia delante.

—Podrías formar parte del reparto —continuó Seven.

—No.

—Serías un vampiro sexy.

—No.

—Seducirías a los hombres…

—No.

—Y podrías ponerte tu capa…

ChangMin se puso tenso.

Dulcemente, Seven trató de sonsacarle:

—Todavía la tienes, ¿verdad, cariño? Esa prenda de seda negra sobre tu piel canela es lo más hermoso que he visto jamás.

—Cállate —murmuró ChangMin entre dientes, y se detuvo en el centro de la plaza Maltese. Dios mío, pensó. Lo estúpido que había sido al enamorarse de aquel atractivo actorzuelo, al disfrazarse para él, al regalarle recuerdos como aquel. Increíblemente estúpido.

Solitariamente estúpido.

Seven alzó la mano para retirarle un copo de nieve de las pestañas, pero él gruñó:

—Como me toques, te tiro el café a la cara.

Él retiró la mano.

—Tranquilo, mi fierecilla. ¿Cuándo dejarás de pelear conmigo? Te dije que lo sentía.

—Pues siéntelo, pero en otra parte.

Hablaban en checo, él con un acento adquirido tan perfecto como el nativo de él.
Seven suspiró, irritado porque ChangMin se negaba aún a admitir sus disculpas. Eso no aparecía en su guión.

—Vamos —dijo tratando de convencerle. Su voz era al mismo tiempo áspera y suave, como la mezcla de lija y terciopelo de un cantante de blues—. Tú y yo estamos destinados a estar juntos.
Destinados. ChangMin esperaba sinceramente que si su «destino» se encontraba ligado a alguien, no fuera a Seven. Le miró, el atractivo Choi Dong Wook, cuya sonrisa solía actuar sobre él como una llamada, atrayéndolo a su lado. Aquellos brazos donde todo parecía maravilloso, como si allí los colores y las sensaciones adquirieran intensidad. Aquellos brazos que, como había descubierto, eran un destino popular, al que acudían otras chicas y chicos cuando él no estaba.

—Ofrécele a Jessica el papel de vampiresa —dijo—. Se lo sabe de memoria.

Seven pareció dolido.

—No quiero a Jessica. Te quiero a ti.

—Lo siento, pero yo no soy una opción.

—No digas eso —respondió él tratando de cogerle la mano.

ChangMin retrocedió, empujada por una punzada de dolor que surgía a pesar de sus esfuerzos por mantenerse distante. No merece la pena, se aseguró a sí mismo. Ni lo más mínimo.

—¿Te das cuenta de que me estás acosando?

—Yo no te estoy acosando. Da la casualidad de que voy en esta misma dirección.

—Claro —refunfuñó ChangMin.

Apenas faltaban unos portales para llegar a su escuela. El Liceo de Arte de Bohemia era una institución privada que se encontraba en un palacio barroco de muros rosados. Durante la ocupación nazi, dos jóvenes nacionalistas checos habían degollado en aquel edificio a un comandante de la Gestapo y garabateado con su sangre la palabra libertad. Un acto de rebeldía efímero y valiente antes de ser capturados y empalados en los remates de la puerta del patio. Ahora los estudiantes se arremolinaban en torno a aquella misma puerta, fumando o esperando a sus compañeros. Pero Seven no era un estudiante —tenía veinte años, era mayor que ChangMin—, y él no recordaba haberle visto jamás fuera de la cama antes del mediodía.

—¿Cómo estás levantado a estas horas?

—Tengo un nuevo trabajo —respondió él—. Empiezo temprano.

—¿Vas a hacer rutas vampíricas matutinas?

No. Es otra cosa. Una especie de… exhibición —en su cara se dibujó una sonrisa. Se estaba deleitando. Quería que le preguntara cuál era ese nuevo trabajo.

Pero ChangMin no estaba dispuesto a satisfacerle.

—Diviértete —dijo con perfecto desinterés, y comenzó a alejarse.

—¿No quieres saber de qué se trata? —gritó Seven. Seguía sonriendo, podía notarlo en su voz.

—No me interesa —respondió ChangMin, y franqueó la puerta.



* * *


Sin embargo, debería haberlo preguntado ...

2 comentarios:

  1. ummm interesante dime que paso y cuando sale chun en accion de seguro que el si es un sexy vampiroooo

    y seven deja de joder el acoso nunca es lo mejor

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    1. hahaha deben de leer los siguientes capítulos, si comento algo le quito la emoción.

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