9.
LAS PUERTAS DEL DIABLO.
De pie, al borde de una azotea
de Riad, YooChun contemplaba una puerta en la calle que había bajo sus pies.
Era tan normal como las demás, pero él sabía lo que ocultaba. Podía sentir su
penetrante halo de magia como un dolor detrás de los ojos.
Se trataba de uno de los
portales del diablo al mundo de los humanos.
Extendió sus enormes alas,
visibles únicamente en su sombra, y descendió hasta la calle provocando una
lluvia de chispas al posarse en el suelo. Un barrendero lo vio y cayó de
rodillas, pero YooChun lo ignoró y se colocó frente a la puerta, agarrando con
firmeza la empuñadura de su espada. Deseaba profundamente desenvainarla y
entrar como un vendaval en la tienda de Rain para acabar con todo de forma
sangrienta; sin embargo, sabía que los portales estaban protegidos con magia y
que no debía intentarlo, así que se concentró en su misión.
Extendió la mano y la colocó
sobre la puerta. Se produjo un suave resplandor y olor a quemado, y cuando la
retiró, su huella había quedado grabada en la madera.
Eso era todo, de momento.
Se volvió y se alejó entre la
gente, que le abría paso apartándose contra las paredes.
Desde luego, no veían su
aspecto real. Un hechizo ocultaba sus alas de fuego y podría haber pasado por
un ser humano, aunque no lo estaba consiguiendo del todo. A los ojos de la
gente era un hombre joven, alto y guapo —con una sobrecogedora belleza difícil
de encontrar en la vida real— que deambulaba entre ellos con la elegancia de un
predador, prestándoles tan poca atención como si fueran estatuas en un jardín
de dioses. De su cintura colgaba una espada, y llevaba la camisa remangada,
dejando al descubierto sus antebrazos bronceados y musculosos. Sus manos tenían
un aspecto curioso, surcadas por cicatrices blanquecinas y tatuajes de tinta
negra —meras líneas repetidas en la parte superior de los dedos—.
Tenía el pelo oscuro y casi
rapado, con entradas que afilaban la línea de la frente. Su piel era blanca
aunque aparecía más oscura en los planos de la cara —los pómulos, la frente, el
caballete de la nariz—, como si viviera empapado en una intensa luz.
Su belleza resultaba
intimidante, y parecía difícil imaginarlo con una sonrisa en los labios. De
hecho, YooChun no sonreía desde hacía muchos años, y no podía imaginar que
volviera a hacerlo otra vez.
Pero todos estos detalles
quedaban reducidos a meras impresiones fugaces. Lo que empujaba a la gente a
detenerse a su paso eran sus ojos.
Eran de color ámbar, como los
de un tigre, y al igual que los de ese animal aparecían perfilados en negro —el
negro de sus espesas pestañas y el del kohl, que convertían sus iris dorados en
haces de luz—. Eran puros y luminosos, cautivadores y de una belleza dolorosa;
sin embargo, les faltaba algo. Tal vez la humanidad, esa capacidad de
mostrar benevolencia a la que los hombres, sin ironía, han dado su nombre. Al
doblar una esquina, una anciana se interpuso en su camino y YooChun lanzó toda
la intensidad de su mirada sobre ella, arrancándole un grito ahogado.
Había fuego en sus ojos, y la
mujer creyó que su cuerpo comenzaría a arder.
Jadeó y tropezó, y él extendió
una mano para sujetarla. Notó calor y cuando pasó junto a ella, sus alas
invisibles la rozaron. Surgieron chispas y la anciana quedó boquiabierta,
paralizada por el pánico, mientras él se alejaba. Vio claramente cómo unas alas
se desplegaban en su sombra al tiempo que él desaparecía, con una ráfaga de
calor que le arrancó el pañuelo de la cabeza.
En un instante, YooChun había
ascendido hasta el éter, sin percibir apenas las punzadas de los cristales de
hielo que flotaban en el aire enrarecido. Deshizo el hechizo que ocultaba sus
alas, convirtiéndolas en sábanas de fuego que azotaban la oscuridad del cielo.
Se desplazaba a gran velocidad, en dirección a otra ciudad humana donde
encontrar una nueva puerta revestida con la magia del diablo, y después de esa,
otra, hasta que todas mostraran la huella negra de su mano.
En otros rincones del mundo, JunSu y
Jaejoong cumplían la misma tarea. Y una vez que todas las puertas
estuvieran marcadas, sería el principio del fin.
Y comenzaría con fuego.
Oh oh!!!!! Por fin apareció Yoochun y ya voi entendiendo... Cada vez se pone mejor... Gracias :)
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